El Domingo de Ramos marcó el inicio de la Semana Santa este domingo 29 de marzo de 2026, cuando los católicos recuerdan la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén antes de su pasión. Aquella escena, en la que la gente aclamó al Señor, hoy se revive con procesiones y palmas bendecidas en plazas y templos.
El origen y procedencia de las palmas en el Domingo de Ramos
Los evangelios recogen aquel gesto popular. En Juan se dice que la multitud “tomaron ramas de palmera y salieron a su encuentro gritando: ‘¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor y el Rey de Israel!’”. Esas palmas, además, suelen guardarse como sacramentales y luego quemarse para hacer las cenizas del Miércoles de Ceniza.
Aunque la aclamación fue espontánea, hoy existe una cadena productiva que va desde la siembra hasta la confección artesanal de ramos. En el mundo hay unas 2.600 especies de palmeras y la hoja más conocida para estas celebraciones es la palma de cera, propia de climas tropicales y subtropicales.
En Colombia y Ecuador han limitado la recolección de palmas para proteger hábitats de especies amenazadas; Ecuador promueve alternativas como laurel, maíz, paja, arrayán y totora. En cambio, en países como México y Perú la cosecha no implica riesgo ecológico y se mantiene la tradición.
Significado y recomendaciones del uso de palmas para el Domingo de Ramos
En el Domingo de Ramos el Vaticano insiste en que hay que instruir a los fieles sobre el sentido de la celebración y subraya que las palmas “se conservan, ante todo, como un testimonio de la fe en Cristo, rey mesiánico, y en su victoria pascual”. Esa enseñanza busca preservar el valor religioso del gesto.
El sacerdote Leandro Bonnin aconseja guardar un recuerdo visible porque “es bueno conservar un signo visible de una celebración tan hermosa e importante”. El Papa Benedicto XVI señaló que los ramos de olivo son “signo de la paz mesiánica, y los ramos de palma, signo del martirio, don de la vida a Dios y a los hermanos”.
Las palmas no deben usarse como amuletos. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que “la superstición es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. Puede afectar también al culto que damos al verdadero Dios cuando se atribuye una importancia ‘mágica’ a ciertas prácticas”. Los pastores insisten en que lo esencial es participar en la procesión y no sólo tener la palma.