Los dos potentes terremoto en Venezuela del 24 de junio dejaron un saldo devastador: según el gobierno, ya hay 2.295 muertos y 11.267 heridos, mientras la ONU advierte sobre hasta 50.000 desaparecidos. La catástrofe provocó miles de viviendas destruidas y obligó a declarar siete días de duelo nacional, con un panorama humanitario crítico.
La CAF calculó que la reconstrucción demandará más de US$15.000 millones y consideró que los daños materiales preliminares rondan los US$6.000 millones, cerca del 7% del PBI venezolano. Christian Asinelli advirtió que esa área “va a requerir una mirada de largo plazo de reconstrucción de la ciudad” y anunció un fondo para canalizar donaciones.
Los médicos alertan por el riesgo de infecciones entre los supervivientes: la escasez de insumos y la acumulación de gente en refugios aumentan la probabilidad de brotes. Eugenio Cova dijo: “Ya pasamos el período de los traumas complejos —que van a seguir llegando— pero ahora vienen complicados con infecciones”. Muchos hospitales reportaron daños y falta de material quirúrgico.
En barrios de La Guaira, muchas familias perdieron la posibilidad de esperar rescates milagrosos y reclamaron ayuda para enterrar a sus muertos. Un joven dijo: “Estoy esperando los cuerpos para darles descanso”, mientras equipos forenses trabajan en edificios colapsados. Además, se detuvo a cuatro policías acusados de sustraer dinero entre los escombros.
Varios países enviaron equipos de rescate y material de asistencia; Estados Unidos desplegó más de 900 efectivos para apoyar la búsqueda, reactivar el aeropuerto y coordinar la logística. Japón y República Dominicana mandaron contingentes médicos y cargamentos con víveres. La CAF activó un fondo semilla para canalizar donaciones y financiar proyectos de reconstrucción en las zonas más afectadas.