La artista y productora llegó a la ciudad junto a Jonathan Lazarte y un destacado elenco de bailarines. El espectáculo combinó tango, sensualidad y una puesta escénica impactante, con una sorpresa final que hizo vibrar al público.
El Teatro Municipal de Goya vivió una noche diferente con la presentación de Noelia Marzol y Jonathan Lazarte, protagonistas de Bloody Tango, el espectáculo que llegó desde la calle Corrientes para desplegar una propuesta cargada de danza, sensualidad, pasión y una fuerte impronta teatral.
La función del sábado sorprendió al público desde el primer momento con una puesta que recorrió distintas expresiones del tango, desde sus formas más tradicionales hasta una mirada moderna y provocadora. La obra propone al espectador convertirse en testigo de las historias de distintos personajes que, al ingresar a un particular hotel, quedan atrapados en un mundo de deseos, tentaciones, misterio y pasión.
Cada habitación se transforma en un escenario propio, donde la danza y la interpretación construyen una atmósfera intensa y atrapante. El resultado fue una experiencia esencialmente sensorial, que recibió una ovación y un sostenido aplauso del público goyano.
Pero la noche todavía tenía una sorpresa.
En el tramo final, Noelia Marzol invitó a los espectadores a dejar de ser simples espectadores y convertirse en protagonistas. El escenario se transformó entonces en una improvisada milonga, con algunos integrantes del público compartiendo la pista junto a los artistas.
Entre los invitados que se animaron a subir al escenario estuvo Carlos Ginochi, director y actor teatral de Candilejas, quien aprovechó el momento para invitar a los presentes a acompañar al grupo vocacional en la función de “77 Años No es Nada”.
El cierre tuvo un sello bien correntino. Con la participación de los bailarines de Bloody Tango, el tango se encontró con el chamamé, generando uno de los momentos más celebrados de la noche.
La decisión de Marzol y su elenco de sumarse al baile de nuestra música representó mucho más que un cierre artístico: fue un gesto de cercanía con el público y con la identidad cultural de Goya.
Al finalizar, la artista agradeció especialmente la recepción del público y destacó la calidez y amabilidad de los goyanos. También invitó a compartir la experiencia y, fiel al espíritu cercano que mostró durante toda la noche, cerró su paso por la ciudad con una fotografía junto a los espectadores.
La presentación de Bloody Tango volvió a demostrar, además, la fuerte respuesta del público goyano a las propuestas teatrales y artísticas de distintos géneros.
Una noche en la que el tango llegó con toda su intensidad, pero terminó bailando al ritmo de Corrientes.