Los pronósticos internacionales anticipan que podría convertirse en uno de los episodios más intensos registrados desde 1950. El informe publicado por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) el 10 de septiembre señaló además que el fenómeno podría seguir aumentando su intensidad hasta fin de año.
Una de las principales señales del fenómeno aparece en el océano Pacífico, donde las temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial oriental se ubicaron más de 3 grados por encima del promedio. En la región Niño 3.4, el incremento llegó a 1,8 grados, mientras que en Niño 1+2, frente a las costas de Ecuador y Perú, alcanzó los 3,4 grados.
El calentamiento también se registró debajo de la superficie del océano, con anomalías superiores a los 10 grados en algunas zonas profundas del Pacífico ecuatorial. Al mismo tiempo, la NOAA detectó cambios en la atmósfera, como vientos fuera de los valores habituales, mayor convección y más lluvias sobre el Pacífico central y oriental.
En Argentina, uno de los principales efectos asociados a El Niño es el aumento de las precipitaciones, especialmente durante la primavera y el verano. Las zonas más expuestas suelen ser las provincias del Litoral y el noreste, entre ellas Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Chaco, Formosa y Santa Fe, donde podrían registrarse lluvias abundantes e intensas en períodos cortos.
El exceso de agua también podría provocar crecidas en las cuencas de los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay, con posibles inundaciones en sectores cercanos a los cursos de agua y anegamientos de campos. En Buenos Aires, Córdoba, La Pampa y el sur de Santa Fe, el fenómeno también podría favorecer lluvias más frecuentes e intensas, con complicaciones en caminos rurales y distintos sectores de las ciudades.
En la Patagonia y la región cordillerana, El Niño puede favorecer nevadas más intensas durante el invierno en algunos sectores de los Andes, mientras que en las zonas bajas podrían registrarse períodos de frío más marcados. En Cuyo y el NOA, en cambio, la influencia suele ser más irregular, aunque pueden producirse tormentas fuertes y puntuales durante el verano.