La tradicional fiesta patronal tuvo como eje un mensaje de compromiso con quienes atraviesan situaciones de pobreza, exclusión, violencia y adicciones. Durante la misa central, monseñor José Adolfo Larregain llamó a transformar la fe en acompañamiento y solidaridad.
25 de septiembre de 2026
Corrientes volvió a vestirse de fe y tradición para celebrar a Nuestra Señora de la Merced. Miles de personas participaron de la fiesta patronal de la capital provincial y acompañaron la imagen de la Virgen durante la tradicional procesión, en una jornada atravesada por la oración, la devoción y un fuerte mensaje de compromiso social.
Bajo el lema “Jesús hace nuevas todas las cosas”, la celebración reunió a familias y comunidades de distintos puntos de la ciudad. La Virgen de la Merced, patrona jurada de Corrientes y Generala del Ejército Argentino, volvió a ocupar el centro de una de las fechas más importantes del calendario religioso local.
Los actos comenzaron desde temprano y tuvieron su momento central durante la tarde. Una multitud acompañó la procesión por las calles cercanas al histórico templo de La Merced, entre cantos, oraciones y pañuelos blancos.
Tras el recorrido, los fieles participaron de la misa central, celebrada en el atrio de la iglesia ubicada en la esquina de 25 de Mayo y Buenos Aires. La ceremonia fue presidida por el arzobispo de Corrientes, monseñor José Adolfo Larregain.
La festividad también tuvo su correlato en la ciudad de Mercedes, donde la comunidad local rindió homenaje a su patrona con distintas expresiones de fe y encuentro comunitario.
Durante la homilía, Larregain centró su mensaje en la dimensión social de la fe y tomó como referencia el Evangelio y el Magníficat. A partir de las palabras de María, destacó la necesidad de prestar atención a quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad.
El arzobispo planteó que el mensaje cristiano no se limita a la dimensión espiritual, sino que también interpela frente a las condiciones concretas en las que viven las personas.
En ese marco, vinculó la figura de la Virgen de la Merced con su histórica asociación con la liberación de cautivos y advirtió sobre las distintas formas de sometimiento presentes en la sociedad actual.
Entre ellas mencionó la pobreza, la falta de oportunidades, la explotación laboral, las adicciones, la violencia, el abuso, la soledad y la exclusión.
“Hoy existen nuevas formas de esclavitud. Algunas son visibles; otras permanecen ocultas”, sostuvo durante su mensaje.
El religioso también puso la mirada sobre las dificultades que afectan a las personas en el plano individual. Allí incluyó el resentimiento, el individualismo, la indiferencia, la desesperanza y el deseo excesivo de poder o de posesiones.
Según explicó, estas situaciones también pueden convertirse en obstáculos para la construcción de vínculos basados en la solidaridad y la fraternidad.
Uno de los ejes centrales del mensaje fue la necesidad de convertir la devoción religiosa en una actitud concreta hacia quienes sufren.
Larregain sostuvo que la celebración de la Virgen debe llevar a los fieles a mirar la realidad de quienes se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad y a involucrarse con sus necesidades.
En esa línea, remarcó que la devoción mariana no debería quedar limitada a una experiencia individual, sino que debe impulsar acciones de acompañamiento, cercanía y compromiso comunitario.
El lema de la novena, “Jesús hace nuevas todas las cosas”, también ocupó un lugar destacado en la homilía. Para el arzobispo, la renovación que propone el mensaje religioso requiere la participación activa de la comunidad y un compromiso sostenido en la vida cotidiana.
Hacia el final de la celebración, Larregain pidió a la Virgen de la Merced que acompañe a la comunidad correntina y oriente a sus instituciones en la construcción de una sociedad más justa e inclusiva.
También elevó una oración por las familias, por quienes atraviesan situaciones de sufrimiento y por todas aquellas personas que trabajan para defender la libertad y la dignidad humana.
Con la finalización de la misa y de los actos centrales, Corrientes cerró una nueva celebración de su fiesta patronal. Una jornada que, además de renovar una tradición religiosa profundamente arraigada, dejó como eje un llamado a fortalecer los vínculos comunitarios y a no permanecer indiferentes frente al sufrimiento de los demás.